El cobre ha experimentado un incremento acumulado cercano al 30% este año, y no es casualidad. Detrás de este movimiento hay tres fuerzas colisionando simultáneamente: una demanda insaciable impulsada por la inteligencia artificial, una oferta global frágil y ahora encima las políticas arancelarias de Estados Unidos. Entendamos qué está realmente sucediendo en los mercados de este metal rojo.
La demanda de cobre: el motor oculto de la IA
Cuando hablamos del cobre, muchos piensan en tuberías o cables viejos. La realidad es mucho más sofisticada. El cobre representa más de la mitad de la demanda global total, y sus usos se expanden cada día.
Desde hace décadas, la industria eléctrica y electrónica consume la mayor parte. Está en los circuitos de tu teléfono móvil, en los motores de tus electrodomésticos, en los transformadores de la red eléctrica. Pero aquí viene lo interesante: la construcción y la vivienda también necesitan toneladas de cobre, especialmente en sistemas de tuberías y materiales de cubierta en edificios modernos.
Sin embargo, existe un factor emergente que está redefasando la demanda: la inteligencia artificial.
¿Por qué un metal común es tan decisivo para la IA? Aunque el cobre no realiza cálculos como el silicio en los chips, es absolutamente indispensable. Dentro de los chips de IA (como las GPU que usan ChatGPT), el cobre forma los minúsculos cables que transmiten señales a altísimas velocidades. Además, las aleaciones de cobre disipan el calor para evitar que estos “cerebros” se sobrecalienten.
Los centros de datos de IA consumen energía masiva. El cobre es vital en toda la infraestructura eléctrica: cables, transformadores, sistemas de refrigeración líquida con tuberías de cobre. Para que la IA se materialice en el mundo real, depende de sectores periféricos clave como los sensores electrónicos de vehículos eléctricos, las antenas y filtros 5G, y las redes de generación y transmisión de energía renovable que alimentan todo esto.
En otras palabras: los tres pilares de la IA —cálculo, energía e infraestructura— se construyen sobre cobre. Cuanto más avance esta tecnología, mayor será la demanda mundial de este metal. Es un crecimiento estructural a largo plazo que los mercados ya están descontando.
La oferta: el lado frágil de la ecuación
Si la demanda crece, la oferta debería mantenerse estable. Pero no está sucediendo. Aquí es donde el mercado realmente se asusta.
La producción mundial de cobre se concentra en pocas regiones. Chile y Perú, ubicados en la cordillera de los Andes, son el corazón absoluto de la producción global. Las minas más importantes del mundo están ahí: Escondida y Collahuasi en Chile, Las Bambas y Cerro Verde en Perú. Juntos controlan una porción enorme de la oferta mundial.
Pero la cordillera andina enfrenta desafíos crecientes. Las minas maduras están perdiendo concentración de mineral naturalmente. Las tensiones con comunidades locales generan paros frecuentes. Mientras tanto, África Central —especialmente la República Democrática del Congo— se ha convertido en la zona de crecimiento más rápido, con proyectos ambiciosos como Kamoa-Kakula.
Entonces, ¿cuál es la causa real de la volatilidad? Una serie de interrupciones inesperadas en minas clave:
La segunda mina más grande del mundo, Grasberg en Indonesia, tuvo que detener operaciones tras un deslizamiento de tierra catastrófico.
La tercera mina más grande, Kamoa-Kakula en la República Democrática del Congo, fue azotada por una inundación subterránea provocada por actividad sísmica, paralizándola casi un mes completo. Esto redujo su pronóstico de producción anual en un 28%.
El Teniente en Chile, la mayor mina subterránea de cobre del mundo, se detuvo durante más de una semana tras un derrumbe, causando una pérdida de entre 20.000 y 30.000 toneladas.
Estos eventos han disparado la percepción del riesgo de abastecimiento en los mercados.
Los números de la Bolsa de Metales de Londres: retiros y volatilidad
El volumen de retiros de cobre de la Bolsa de Metales de Londres (LME) ha aumentado notablemente. Esto refleja que los comerciantes están sacando físico del almacén, señal típica de estrés de suministro. Combinado con la reducción en la calidad promedio del mineral debido a los paros, el panorama se oscurece para quien quiera asegurar futuras entregas de este metal.
Factores políticos: aranceles y la lista de minerales críticos
No es solo una historia de mercados. La política también juega un papel determinante.
Estados Unidos ha elevado significativamente los aranceles a la importación de cobre. Esto encarece directamente el comercio global del metal y obliga a comerciantes a repensar sus rutas de transporte y estrategias operativas, alterando toda la estabilidad de la cadena de suministro.
Además, Washington ha incluido el cobre en su “Lista de Minerales Críticos”, reconociéndolo oficialmente como un recurso estratégico vital para la seguridad nacional estadounidense. Esta decisión ha generado inquietud: si Estados Unidos ve el cobre como crítico, otros países también comenzarán a acumular reservas para asegurar sus propios suministros. Esto aumenta la tensión comprador-vendedor.
Estas dos políticas combinadas: aranceles que encarecen el comercio + competencia geopolítica por suministros estratégicos, han convertido el cobre en un mercado notablemente más volátil.
¿Seguirá subiendo el precio del cobre? Las previsiones de los grandes
Las principales instituciones financieras tienen perspectivas divergentes, pero todas coinciden en que el cambio en la relación oferta-demanda seguirá siendo fundamental.
Goldman Sachs revisó recientemente su proyección al alza. Espera un precio promedio de 10.650 dólares por tonelada para 2026, con previamente establecida en 10.710 dólares para la primera mitad de ese año (elevada desde 10.415). Sin embargo, mantiene cautela: según su análisis, la oferta global de cobre sigue siendo técnicamente suficiente. El reciente repunte de precios responde principalmente a la preocupación del mercado por una posible escasez futura, no a condiciones actuales de déficit real.
Union Bank of Switzerland (UBS) ofrece un pronóstico trimestral notablemente más optimista y progresivo:
Marzo 2026: 11.500 dólares/tonelada
Junio 2026: 12.000 dólares/tonelada
Septiembre 2026: 12.500 dólares/tonelada
Diciembre 2026: 13.000 dólares/tonelada (objetivo final)
JPMorgan se posiciona en medio, proyectando 12.500 dólares por tonelada para la primera mitad de 2026, citando interrupciones graves en la cadena de suministro y desequilibrios en la estructura de inventarios globales como principales justificantes.
¿Dónde negociar cobre? Las opciones disponibles
Si buscas participar en este mercado, tienes dos caminos principales: futuros y mercado físico.
Los futuros cotizan en bolsas organizadas:
LME (Bolsa de Metales de Londres): El referente mundial, donde se fija el precio internacional de referencia.
COMEX (Nueva York): El mercado de futuros más importante de Norteamérica.
SHFE/INE (Shanghai): Reflejan condiciones de oferta y demanda en Asia, cotizando en yuanes.
El mercado físico ocurre principalmente fuera de bolsa (OTC), donde participan mineras, fundiciones, comerciantes globales como Trafigura y Glencore, y acuerdos de compra directa dentro de cadenas de suministro.
Para el inversor individual, las principales formas de operar son: futuros de cobre directamente, ETF que replican estos futuros, CFD (contratos por diferencia), y acciones de empresas mineras productoras de cobre.
En conclusión, el cobre enfrenta una tormenta perfecta: demanda estructural creciente (especialmente por IA), oferta vulnerable con interrupciones frecuentes, y ahora políticas geopolíticas que crean escasez percibida. Todo esto explica por qué el precio ha subido casi 30% este año y por qué el mercado sigue pendiente de cada reporte de producción. Las previsiones para 2026 sugieren que esta tendencia podría intensificarse, aunque las instituciones no están completamente alineadas en sus objetivos.
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¿Por qué el cobre se dispara? Las verdaderas causas detrás del alza de precio este año
El cobre ha experimentado un incremento acumulado cercano al 30% este año, y no es casualidad. Detrás de este movimiento hay tres fuerzas colisionando simultáneamente: una demanda insaciable impulsada por la inteligencia artificial, una oferta global frágil y ahora encima las políticas arancelarias de Estados Unidos. Entendamos qué está realmente sucediendo en los mercados de este metal rojo.
La demanda de cobre: el motor oculto de la IA
Cuando hablamos del cobre, muchos piensan en tuberías o cables viejos. La realidad es mucho más sofisticada. El cobre representa más de la mitad de la demanda global total, y sus usos se expanden cada día.
Desde hace décadas, la industria eléctrica y electrónica consume la mayor parte. Está en los circuitos de tu teléfono móvil, en los motores de tus electrodomésticos, en los transformadores de la red eléctrica. Pero aquí viene lo interesante: la construcción y la vivienda también necesitan toneladas de cobre, especialmente en sistemas de tuberías y materiales de cubierta en edificios modernos.
Sin embargo, existe un factor emergente que está redefasando la demanda: la inteligencia artificial.
¿Por qué un metal común es tan decisivo para la IA? Aunque el cobre no realiza cálculos como el silicio en los chips, es absolutamente indispensable. Dentro de los chips de IA (como las GPU que usan ChatGPT), el cobre forma los minúsculos cables que transmiten señales a altísimas velocidades. Además, las aleaciones de cobre disipan el calor para evitar que estos “cerebros” se sobrecalienten.
Los centros de datos de IA consumen energía masiva. El cobre es vital en toda la infraestructura eléctrica: cables, transformadores, sistemas de refrigeración líquida con tuberías de cobre. Para que la IA se materialice en el mundo real, depende de sectores periféricos clave como los sensores electrónicos de vehículos eléctricos, las antenas y filtros 5G, y las redes de generación y transmisión de energía renovable que alimentan todo esto.
En otras palabras: los tres pilares de la IA —cálculo, energía e infraestructura— se construyen sobre cobre. Cuanto más avance esta tecnología, mayor será la demanda mundial de este metal. Es un crecimiento estructural a largo plazo que los mercados ya están descontando.
La oferta: el lado frágil de la ecuación
Si la demanda crece, la oferta debería mantenerse estable. Pero no está sucediendo. Aquí es donde el mercado realmente se asusta.
La producción mundial de cobre se concentra en pocas regiones. Chile y Perú, ubicados en la cordillera de los Andes, son el corazón absoluto de la producción global. Las minas más importantes del mundo están ahí: Escondida y Collahuasi en Chile, Las Bambas y Cerro Verde en Perú. Juntos controlan una porción enorme de la oferta mundial.
Pero la cordillera andina enfrenta desafíos crecientes. Las minas maduras están perdiendo concentración de mineral naturalmente. Las tensiones con comunidades locales generan paros frecuentes. Mientras tanto, África Central —especialmente la República Democrática del Congo— se ha convertido en la zona de crecimiento más rápido, con proyectos ambiciosos como Kamoa-Kakula.
Entonces, ¿cuál es la causa real de la volatilidad? Una serie de interrupciones inesperadas en minas clave:
Estos eventos han disparado la percepción del riesgo de abastecimiento en los mercados.
Los números de la Bolsa de Metales de Londres: retiros y volatilidad
El volumen de retiros de cobre de la Bolsa de Metales de Londres (LME) ha aumentado notablemente. Esto refleja que los comerciantes están sacando físico del almacén, señal típica de estrés de suministro. Combinado con la reducción en la calidad promedio del mineral debido a los paros, el panorama se oscurece para quien quiera asegurar futuras entregas de este metal.
Factores políticos: aranceles y la lista de minerales críticos
No es solo una historia de mercados. La política también juega un papel determinante.
Estados Unidos ha elevado significativamente los aranceles a la importación de cobre. Esto encarece directamente el comercio global del metal y obliga a comerciantes a repensar sus rutas de transporte y estrategias operativas, alterando toda la estabilidad de la cadena de suministro.
Además, Washington ha incluido el cobre en su “Lista de Minerales Críticos”, reconociéndolo oficialmente como un recurso estratégico vital para la seguridad nacional estadounidense. Esta decisión ha generado inquietud: si Estados Unidos ve el cobre como crítico, otros países también comenzarán a acumular reservas para asegurar sus propios suministros. Esto aumenta la tensión comprador-vendedor.
Estas dos políticas combinadas: aranceles que encarecen el comercio + competencia geopolítica por suministros estratégicos, han convertido el cobre en un mercado notablemente más volátil.
¿Seguirá subiendo el precio del cobre? Las previsiones de los grandes
Las principales instituciones financieras tienen perspectivas divergentes, pero todas coinciden en que el cambio en la relación oferta-demanda seguirá siendo fundamental.
Goldman Sachs revisó recientemente su proyección al alza. Espera un precio promedio de 10.650 dólares por tonelada para 2026, con previamente establecida en 10.710 dólares para la primera mitad de ese año (elevada desde 10.415). Sin embargo, mantiene cautela: según su análisis, la oferta global de cobre sigue siendo técnicamente suficiente. El reciente repunte de precios responde principalmente a la preocupación del mercado por una posible escasez futura, no a condiciones actuales de déficit real.
Union Bank of Switzerland (UBS) ofrece un pronóstico trimestral notablemente más optimista y progresivo:
JPMorgan se posiciona en medio, proyectando 12.500 dólares por tonelada para la primera mitad de 2026, citando interrupciones graves en la cadena de suministro y desequilibrios en la estructura de inventarios globales como principales justificantes.
¿Dónde negociar cobre? Las opciones disponibles
Si buscas participar en este mercado, tienes dos caminos principales: futuros y mercado físico.
Los futuros cotizan en bolsas organizadas:
El mercado físico ocurre principalmente fuera de bolsa (OTC), donde participan mineras, fundiciones, comerciantes globales como Trafigura y Glencore, y acuerdos de compra directa dentro de cadenas de suministro.
Para el inversor individual, las principales formas de operar son: futuros de cobre directamente, ETF que replican estos futuros, CFD (contratos por diferencia), y acciones de empresas mineras productoras de cobre.
En conclusión, el cobre enfrenta una tormenta perfecta: demanda estructural creciente (especialmente por IA), oferta vulnerable con interrupciones frecuentes, y ahora políticas geopolíticas que crean escasez percibida. Todo esto explica por qué el precio ha subido casi 30% este año y por qué el mercado sigue pendiente de cada reporte de producción. Las previsiones para 2026 sugieren que esta tendencia podría intensificarse, aunque las instituciones no están completamente alineadas en sus objetivos.