La privacidad y la conformidad, estas dos palabras han estado enredadas durante demasiado tiempo en el mundo financiero. Por un lado, la línea roja de los reguladores; por otro, el deseo de las instituciones de proteger secretos comerciales. Ninguna de las dos partes puede retroceder. Pero este estancamiento podría estar a punto de romperse.
Tomemos los pagos transfronterizos como ejemplo. Un banco internacional necesita procesar transferencias de gran volumen. El método tradicional SWIFT tarda de tres a cinco días, y las tarifas son exorbitantes. ¿Y si usamos una solución en cadena? Con tecnología de pruebas de conocimiento cero, los detalles de la transacción están completamente cifrados y ocultos, protegiendo así los secretos comerciales. Pero lo crucial es que los reguladores, con una clave de auditoría específica, pueden penetrar en ese cifrado cuando sea necesario para detectar riesgos de lavado de dinero. Esta lógica de "privacidad predeterminada, transparencia posterior" reduce la tiempo de liquidación de días a segundos, y además, los costos son de tres a cuatro veces más bajos.
Veamos también la gestión de activos. Supongamos que se quiere tokenizar un fondo inmobiliario de mil millones de dólares y venderlo a inversores minoristas y institucionales en todo el mundo. ¿Cuál es la dificultad? Cada participación debe corresponder claramente a derechos, pero la identidad de los inversores y el monto de sus participaciones deben mantenerse protegidos. Además, hay que generar automáticamente registros de auditoría que satisfagan a las autoridades regulatorias en diferentes regiones. Europa ya ha hecho algo así con un fondo, logrando triplicar la liquidez sin que se filtrara ninguna información del cliente. Hace dos años, esto sería impensable.
El campo de DeFi también está en transformación. Antes, DeFi era sinónimo de "anarquismo". Ahora, las cosas son diferentes: se pueden construir "piscinas de préstamos conformes": las instituciones usan bonos del Estado tokenizados como garantía para pedir préstamos, negociando tasas y contrapartes de forma privada, evitando que el mercado especule en masa. Pero los datos de flujo de fondos y tasas de colateralización, que son riesgos clave, se mantienen completamente transparentes para los reguladores mediante criptografía. Esto ya no es un campo de experimentación sin reglas, sino una herramienta formal con marcos de control de riesgos.
Estos casos apuntan en una dirección: en el futuro, la infraestructura financiera debe ser programable y, desde su origen, proteger la privacidad comercial. No se trata de una revolución del sistema antiguo, sino de una actualización: más eficiente, más segura y más acorde con las necesidades de la era. Cuando los bancos y fondos realmente comiencen a usar estas tecnologías, será cuando una innovación haya llegado para quedarse.
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MEVHunter
· hace4h
Las pruebas de conocimiento cero suenan increíbles, pero... ¿quién tiene en realidad esas claves de auditoría? Ese es el verdadero honeypot del que nadie habla. La captura regulatoria está llegando en serio, en serio.
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ImpermanentPhobia
· hace9h
Las pruebas de conocimiento cero son realmente potentes, ¿puede la privacidad y la conformidad combinarse de manera tan perfecta? Todavía tengo algunas dudas.
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AirdropHustler
· hace9h
Las pruebas de conocimiento cero son realmente geniales, combinan privacidad y cumplimiento, ahora sí que se puede romper el esquema.
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WhaleSurfer
· hace9h
Las pruebas de conocimiento cero son realmente geniales, la privacidad y la transparencia finalmente ya no tienen que ser una elección entre las dos
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ShibaSunglasses
· hace9h
Las técnicas de prueba de conocimiento cero son realmente impresionantes, ya que permiten a los reguladores estar satisfechos y proteger la privacidad al mismo tiempo, esto es realmente un compromiso auténtico.
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ProofOfNothing
· hace9h
Las pruebas de conocimiento cero, en pocas palabras, son una jugada que lo tiene todo. A los reguladores les satisface, las carteras de los bancos también se fortalecen, y esta operación vale la pena.
La privacidad y la conformidad, estas dos palabras han estado enredadas durante demasiado tiempo en el mundo financiero. Por un lado, la línea roja de los reguladores; por otro, el deseo de las instituciones de proteger secretos comerciales. Ninguna de las dos partes puede retroceder. Pero este estancamiento podría estar a punto de romperse.
Tomemos los pagos transfronterizos como ejemplo. Un banco internacional necesita procesar transferencias de gran volumen. El método tradicional SWIFT tarda de tres a cinco días, y las tarifas son exorbitantes. ¿Y si usamos una solución en cadena? Con tecnología de pruebas de conocimiento cero, los detalles de la transacción están completamente cifrados y ocultos, protegiendo así los secretos comerciales. Pero lo crucial es que los reguladores, con una clave de auditoría específica, pueden penetrar en ese cifrado cuando sea necesario para detectar riesgos de lavado de dinero. Esta lógica de "privacidad predeterminada, transparencia posterior" reduce la tiempo de liquidación de días a segundos, y además, los costos son de tres a cuatro veces más bajos.
Veamos también la gestión de activos. Supongamos que se quiere tokenizar un fondo inmobiliario de mil millones de dólares y venderlo a inversores minoristas y institucionales en todo el mundo. ¿Cuál es la dificultad? Cada participación debe corresponder claramente a derechos, pero la identidad de los inversores y el monto de sus participaciones deben mantenerse protegidos. Además, hay que generar automáticamente registros de auditoría que satisfagan a las autoridades regulatorias en diferentes regiones. Europa ya ha hecho algo así con un fondo, logrando triplicar la liquidez sin que se filtrara ninguna información del cliente. Hace dos años, esto sería impensable.
El campo de DeFi también está en transformación. Antes, DeFi era sinónimo de "anarquismo". Ahora, las cosas son diferentes: se pueden construir "piscinas de préstamos conformes": las instituciones usan bonos del Estado tokenizados como garantía para pedir préstamos, negociando tasas y contrapartes de forma privada, evitando que el mercado especule en masa. Pero los datos de flujo de fondos y tasas de colateralización, que son riesgos clave, se mantienen completamente transparentes para los reguladores mediante criptografía. Esto ya no es un campo de experimentación sin reglas, sino una herramienta formal con marcos de control de riesgos.
Estos casos apuntan en una dirección: en el futuro, la infraestructura financiera debe ser programable y, desde su origen, proteger la privacidad comercial. No se trata de una revolución del sistema antiguo, sino de una actualización: más eficiente, más segura y más acorde con las necesidades de la era. Cuando los bancos y fondos realmente comiencen a usar estas tecnologías, será cuando una innovación haya llegado para quedarse.