Estás en lo correcto al considerar la “cumplimiento” como una regla inquebrantable—la auditoría regulatoria, KYC, y las políticas anti-lavado de dinero no son opciones para evadir, son la línea base del sistema financiero. Pero la realidad también está ahí: un libro de contabilidad en la cadena completamente transparente revela todos los detalles, y las instituciones simplemente no se atreven a poner dinero real en ello. Lo que Dusk quiere hacer es crear una capa entre estos dos extremos, una “malla” que pueda ser verificada por los reguladores y al mismo tiempo proteja la privacidad.
Esta “malla de privacidad” en realidad es muy concreta, tejida en tres pasos. El primer paso es la minimización de datos: en la cadena solo se guarda la información mínima necesaria para demostrar cumplimiento, como hashes o marcas de verificación, en lugar de incluir números de identificación o detalles de transacciones. Lo que los reguladores necesitan no son todos los detalles, sino una prueba de “cumplimiento”, y con el mínimo es suficiente. El segundo paso es guardar los datos sensibles fuera de la cadena, dejando en la cadena solo huellas digitales y controles de acceso; los reguladores con permisos pueden hacer inspecciones aleatorias, pero quienes no tienen la clave solo ven datos cifrados. El tercer paso es usar pruebas de conocimiento cero (ZKP): los usuarios pueden demostrar a los reguladores “cumplo con los requisitos” o “mis transacciones no superan el umbral” sin revelar ninguna información original. En resumen, se trata de reemplazar la revisión visual con pruebas matemáticas.
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Estás en lo correcto al considerar la “cumplimiento” como una regla inquebrantable—la auditoría regulatoria, KYC, y las políticas anti-lavado de dinero no son opciones para evadir, son la línea base del sistema financiero. Pero la realidad también está ahí: un libro de contabilidad en la cadena completamente transparente revela todos los detalles, y las instituciones simplemente no se atreven a poner dinero real en ello. Lo que Dusk quiere hacer es crear una capa entre estos dos extremos, una “malla” que pueda ser verificada por los reguladores y al mismo tiempo proteja la privacidad.
Esta “malla de privacidad” en realidad es muy concreta, tejida en tres pasos. El primer paso es la minimización de datos: en la cadena solo se guarda la información mínima necesaria para demostrar cumplimiento, como hashes o marcas de verificación, en lugar de incluir números de identificación o detalles de transacciones. Lo que los reguladores necesitan no son todos los detalles, sino una prueba de “cumplimiento”, y con el mínimo es suficiente. El segundo paso es guardar los datos sensibles fuera de la cadena, dejando en la cadena solo huellas digitales y controles de acceso; los reguladores con permisos pueden hacer inspecciones aleatorias, pero quienes no tienen la clave solo ven datos cifrados. El tercer paso es usar pruebas de conocimiento cero (ZKP): los usuarios pueden demostrar a los reguladores “cumplo con los requisitos” o “mis transacciones no superan el umbral” sin revelar ninguna información original. En resumen, se trata de reemplazar la revisión visual con pruebas matemáticas.